LA GRANDEZA DE DERECHOS CÓSMICOS
Por: Pachakusi
Los derechos humanos son aquellas libertades y derechos básicos que, de acuerdo con diversas filosofías o fundamentaciones, toda persona posee por el mero hecho de su condición humana la garantía de una vida digna; independientemente de cual sea el Derecho positivo vigente y de factores particulares como su estatus, etnia o nacionalidad. Desde un punto de vista más relacional, se han definido como las condiciones que permiten crear una relación integrada entre la persona y la sociedad, que permita a los individuos ser personas, identificándose consigo mismos y con los otros.
Como podemos ver los derechos humanos centran al ser humanos como el centro de todo. Para los Indígenas son solo una pequeña parte de los derechos. Para los indígenas los derechos son cósmicos.
Los derechos Cósmicos son expresión de profunda convicción de nuestra filosofía, el hombre/mujer no son el centro sino uno más dentro del perfecto equilibrio armónico del Universo. Es, así que si bien el hombre tiene derechos consuetudinarios y primigenios, también poseen estos derechos los demás integrantes del cosmos, el aire y las aguas a no ser contaminados, los peces, pájaros y demás animales a no ser extinguidos, los bosques a no ser arrasados, porque en último término, toda herida que hagamos a la tierra y a cualquiera de nuestros hermanos naturales tarde o temprano la sufrirá el hombre y hoy, gracias a la pequeñez de algunas de las criaturas de occidente, la Madre Naturaleza se desangra y el hombre solo no puede vivir formamos parte de ella inevitablemente.
En nuestra Visión Indígena: uno aporta al otro, apoya al otro y, en ese apoyo avanza y progresa.
Nuestra forma de ver el mundo no nos permite imaginar a los hombres enfrentados permanentemente, chocando unos con otros y además, que esto genere progreso. Fundamentalmente por que nuestra sabiduría y conocimiento no radica en el choque, sino en el hermanamiento, en la solidaridad y reciprocidad entre todos. La base de nuestra cultura es la vida. Si, hacemos vida, todos los días, todo el día.
Por eso podemos decir que nuestro pensamiento, nuestro conocimiento, esta hecho de nuestra vida y por eso lo sabemos. No lo hemos leído en un libro, no fue explicado en una clase teórica. Lo vivimos hoy y todos los días.
De nuestro saber recibimos sabiduría, que no es una especulación teórica o algo abstracto, que necesita ser demostrado.
Para el hombre/mujer andino (par), para los indígenas saber y sabiduría no son hipótesis de trabajo, ni propuestas sujetas a verificación, que deberán probarse para determinar cuanto valen. No... de ninguna manera. El saber y la sabiduría es lo que sabemos, por que hemos vivido y, es la seguridad de nuestro pensamiento, lo que nos hace ser sencillos.
Es que toda nuestra cultura es distinta a la del hombre occidental, nuestra forma de vivir, nuestra lógica, nuestros pensamientos, etc. difieren enormemente. ¿Cuál es mejor?... ¿Cuál es la verdadera?... ¿Cuál debe imponerse?... son cuestiones que no nos perturban.
Al hombre occidental no le pedimos que cambie su forma de pensar y adopte la nuestra. No podríamos hacerlo, ya que es producto de su evolución o involución interior y, nosotros no tenemos nada que decir al respecto... es asunto de ellos.
Lo único que pedimos es que nos dejen vivir con nuestra cultura, que nos dejen ser lo que somos y no pretendan cambiarnos.
Que no bombardeen a nuestros jóvenes y niños con su ideología, haciéndoles creer que su sociedad es el modelo ideal de desarrollo, el camino que debemos seguir si aspiramos al progreso, cuando en realidad es todo lo contrario ya que ha creado toda una idea de desarrollo y progreso, que no es natural, que es ficticia, que solo esta consiguiendo destruir la vida.
Lo cual parte de su error de considerar al hombre la única especie inteligente, pensante, superior, creada por Dios con esa categoría, para que reine sobre la tierra. Nosotros no tenemos dioses tenemos padres y madres creadores que están en nosotros y nosotros estamos en ellos. Pacha-mama es nuestra madre y todos los días nos alimenta.Yo puedo decir soy carne de su carne conciencia de su conciencia poder de su poder.
Para nosotros los indígenas existe una energía superior que esta en todas partes y abarca toda la naturaleza, ya sea animal, vegetal o mineral y cada uno de ellos posee su propia inteligencia y sabiduría.El animal salvaje, las plantas, las rocas, tienen esa fuerza inteligente, que el hombre occidental no llega a comprender, por que piensa que él es el único que la posee. Por eso no la respeta y pretende manipularla.
Cada ser tiene su forma de vida y debe ser respetada. El río tiene su propio cause que no debemos alterar. El sabe por que discurre por ahí, tiene su propia inteligencia. Es suya... no es nuestra. No es ni mayor ni menor, es la que tiene y necesita tener.
Los animales tienen su propia inteligencia y gozan plenamente en su estado salvaje. Cuando el hombre los captura y domestica, pasada algunas generaciones, su raza se hace débil, contrae enfermedades que antes le eran desconocidas, etc. es que la naturaleza es sabia, poderosa, perfecta, es la Pachamama, madre suprema del hombre andino.
Todo lo que salga de la unión es perfecto y cumple una función específica. Nada es casual ni esta por accidente. Por ello nos sorprendemos cuando escuchamos mencionar que alguna planta es parásita o que la llaman hierba mala, ya que para nosotros todo es expresión de la sabiduría suprema y, ella engendra salud y felicidad en cualquier forma o situación que se presente.
Cuando el hombre occidental interviene en el desarrollo de alguna criatura y la desvía de su curso natural, lo único que hace es robarle - por el tiempo que dura su intervención- la dicha y prosperidad de la sabiduría superior, depositada en ella.
Los cerdos en estado salvaje son animales ágiles con forma simétrica, pero cuando esta domesticado por el hombre, se convierte en una torpe máquina de hacer grasa, que no puede soportar el peso de su propio cuerpo. Este es un claro ejemplo de la sabiduría occidental. Donde pone sus manos altera, corrompe. Siempre esta empeñado en corregir y perfeccionar la sabiduría y el poder de la naturaleza. Aunque sólo consigue cometer graves errores. No entiende que todas las plantas y animales que están en la naturaleza, son verdades así como se encuentran.
Cuando el hombre intenta modificarlos en su condición de libre o genéticamente, lo que hace es separarla de su verdadero fin. Lo cual no puede ser otro que la felicidad de esa especie y su entorno. Cuando el hombre altera la naturaleza, lo único que consigue es falsear lo verdadero y, lo falso siempre engendra dolor. La llamada industria avícola es la más falsa y antinatural creada por la sabiduría del consumismo, sin embargo lo justifica pretendiendo un fin noble, como solucionar el problema de la alimentación humana,y ahora los alimentos transgenicos.
La sabiduría andina no le permitiría desarrollar una industria así. No podemos asegurar si la razón por la cual la carne de alpaca y llama ocupan los primeros puestos en carnes sanas, con cero colesterol, pura fibra, etc. sea por nuestra forma de criarlos, por nuestra forma de convivir con ellos, pero no nos extrañaría. Es cierto que están domesticadas, pero no les robamos su libertad, las pasteamos donde a ellas les gusta, comen lo que les agrada y se sienten bien.
Hasta la forma como el hombre occidental trabaja la tierra es incorrecta y sin respeto. Su obsesión por los monocultivos no es natural, es enfermante. Cada planta necesita de otras para apoyarse, ayudarse, hacerse compañía y para evitar que la tierra agote sus nutrientes.
El modelo de sociedad de consumo y globalizante busca al cultivar la tierra, que se extraigan mayores volúmenes de producción, forzándola a que produzca más. Después, no se preocupan de darle el descanso que requiere, ni de ayudarle a recuperar sus fuerzas. Le dan el mínimo tiempo de descanso y vuelven a sembrar, sin detenerse a reflexionar en el daño que estarán causando en el futuro. Lo mismo sucede con los ríos, la atmósfera, etc.
Debe ser por que en la Biblia, su Dios lo sentenció a ganar el pan con el sudor de su frente, por el pecado cometido, convirtiendo el trabajo en castigo.
Para el hombre andino no es así. El trabajo es deporte, fiesta, relacionarse socialmente, hermanarse.
Finalmente vemos que solo han logrado que la vida en sus ciudades cada día sea más dura y tensa. El estrés, la angustia, la depresión, son males de su sociedad, creadas por su sabiduría y han colocado al hombre en una tensión nerviosa, que amenaza con romper el hilo de su vida física.
Es que su sociedad y sus aspiraciones. Fueron sustentadas en grandes mentiras referidas a su desarrollo. Y la mentira solo puede producir enfermedad y muerte. Hoy vemos que la sociedad occidental está enferma. Ha creado en las personas la desesperación y angustia por consumir más y más, como una manera de demostrar que su estatus social es mayor, cuando en realidad no es cierto, ya que el exceso de consumo se torna perjudicial tanto para la salud de nuestra alma como de nuestro cuerpo.
A nosotros nos sorprende que las leyes occidentales, su justicia, no sancionen la mentira, pero hay una explicación sencilla: sus vidas son otra mentira (el tiempo es uno de ellos:-Calendario juliano, calendario Gregoriano).
No creemos que debemos vanagloriarnos de ser sabios científicos o grandes filósofos, ni considerarnos inventores de alguna verdad que buscamos imponer.
Es al revés, no salimos a buscar la verdad ya que la tenemos dentro nuestro, todas las especies la tienen, ya que somos parte de esa energía superior y, cuando conversamos con la naturaleza, nuestra madre tierra, ella permite que la verdad, el conocimiento discurra sobre el lugar adecuado, ya que nuestra forma de relacionarnos con ella es vivencial, emocional, sensitiva, a través de nuestras chacras, los ríos, las montañas sagradas, en fin todo su entorno.
Los alpaqueros suelen decir que así como ellos crían a las alpacas, ellas también crían a los hombres. Es que en el mundo andino todos hacemos vida, nos criamos y enseñamos mutuamente.
Antes de decidir sobre determinada siembra, observamos las aves, insectos, sapos, etc. y ellos nos prevendrán si habrá heladas o sequías, si es conveniente tal o cual cultivo, si debemos cultivar en otro piso ecológico, etc.
Nuestra sabiduría nos la da la propia naturaleza, no se la arrancamos. Ella hace que las ideas, la ciencia, fluyan sobre nuestro espíritu y repose en nuestra mente. No tenemos por que pedirle que nos demuestre que es verdad, como tampoco nos esforzamos en creerle, simplemente creemos y vemos que es así. A ningún comunero Aymará o Quechua se le ocurriría pedirle al estómago que le de pruebas de cómo digiere los alimentos, ni a los pulmones que nos demuestre como emplea el aire que respiramos. Eso para nosotros no tiene mayor interés que la simple curiosidad.
Lo que sucede es cuando el hombre ha creado una sociedad, basada en el engaño y la mentira necesita demostrarse permanentemente que su sabiduría, conocimiento, ciencia y leyes, son reales y no mentiras, aunque solo sean... aparentemente reales.
Cuando hablamos de cosmovisión en el mundo andino el mundo natural y el mundo humano son confortantes de un mismo sistema, con criterio de ínter penetrabilidad y por eso la naturaleza misma es sagrada como el mismo hombre/mujer porque todo lo que existe tiene vida y dimensión humana. Por eso, la relación familiar del hombre/mujer se extiende a la naturaleza y así el sol es papa (tayta) y la luna (mama); por eso las montañas sagradas son varones las lagunas, manantiales y mar mujeres.
Los dioses de occidente son creadores, divinos y todopoderosos mientras que en el mundo sagrado andino lo que sería las deidades tienen condición natural y humana y por eso se enferman y pueden morir sino se crían mutuamente. Es el mundo de la crianza mutua, de la reciprocidad entre la naturaleza y los humanos, por eso la reciprocidad y el respeto a la naturaleza son sagradas.
Nosotras y nosotros desde nuestra cultura indígena consideramos que somos parte de ese todo al cual la respetamos y si lo ofendiéramos nos estaríamos ofendiendo a nosotros mismos y si lo depredamos o contaminamos nos estarías depredando y contaminando a nosotros mismos es por eso que no podemos estar en contra de nuestra propia vida y no podemos actuar en contra de nosotros mismos, eso es lo que no entiende la cultura occidental.
La guerra no existe en la naturaleza, no es fruto natural, es invento del hombre divorciado de la tierra, hoy se mide a la civilización y al desarrollo de un Pueblo por su capacidad y técnica de destrucción. Las armas solo miden barbarie. Por lo tanto, nuestra actitud existencial como indígenas (indígena significa originario del lugar) no es de lucha contra algo hostil que debemos dominar para nuestro beneficio como sostiene la cultura de occidente, sino una actitud de armonía y respeto hacia quien nos permite vivir y desarrollarnos hermanados con todos sus demás integrantes cósmicos, los astros, los animales, las plantas, los árboles, las rocas, los ríos, los mares, el viento, el rayo, el fuego y así todos los que viven dentro del Universo.